Mallorca: vivir sin ascensor puede agravar la soledad
Michelle tiene 79 años, vive en Es Molinar, en Palma (Mallorca), y su familia está fuera del país. Este miércoles, 21 de octubre, ha contado en un encuentro en Palma que convivir cerca de gente joven la ayuda a no sentirse aislada. En esa misma cita, Matilde Fernández ha advertido de la otra cara de la soledad: cuando salir de casa se vuelve difícil, también cuesta más mantener el contacto con los demás.
Un cuarto piso difícil de dejar atrás
Fernández, directora del «Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada», ha puesto un ejemplo: alguien mayor, con dolencias crónicas, que vive en un cuarto piso al que solo se llega por las escaleras. La falta de ascensor puede reducir sus salidas y favorecer el aislamiento. Rampas y barandillas también importan para quienes tienen dificultades de movilidad, ha señalado.
Cocina, talleres y una partida de dominó
Michelle reside en una promoción de viviendas para distintas generaciones del «Instituto Balear de la Vivienda». Sus residentes comparten actividades de cocina, costura, yoga y tai chi. Miguel Ángel, de 32 años, cuenta que los mayores aportan experiencia y los jóvenes ofrecen compañía y preparan talleres. Magdalena, de 80, recibe la visita de una joven con la que juega al dominó; dice que allí se siente acompañada.
La soledad también alcanza a los jóvenes
Según el observatorio, el 25,5 % de los jóvenes experimenta soledad no deseada. Fernández sostiene que la tecnología facilita hablar con otros, pero no cubre toda la necesidad de trato personal. El psicólogo Chema Ramiro advierte de que el uso de redes sociales y la conexión permanente pueden restar espacio a las relaciones cara a cara.
La vergüenza de pedir ayuda afecta tanto a jóvenes como a mayores, indica el observatorio. Fernández anima a dejar atrás ese freno y reclama más recursos públicos para las entidades que acompañan a quienes se sienten solos.
Temas: Vivienda · Asuntos sociales · Palma
Fuente: Europa Press / Mallorca.com