Ca'n Joan de s'Aigo es el café más antiguo de Palma y una auténtica institución mallorquina: un local de café y pastelería en el casco antiguo, fundado en 1700. A lo largo de tres siglos ha pasado de ser el primer obrador de helados de la isla a un lugar de peregrinación para la ensaimada, el espeso chocolate a la taza y el helado de almendra.

Qué hace especial a Ca'n Joan de s'Aigo
La historia empieza con Joan Thomàs, que en el siglo XVIII guardaba nieve de la Serra de Tramuntana en las "cases de neu" —casas de nieve— y la prensaba para elaborar los primeros sorbetes de Mallorca. De aquella idea nació lo que la casa define como el café histórico más antiguo de Baleares, que hoy contempla 325 años de tradición viva. Joan Miró figuraba entre los clientes habituales: es fácil imaginarlo removiendo la cuchara en la espuma de su cortado.
Lo que ha sobrevivido a los siglos es el oficio: el helado se mantece despacio con ingredientes locales y de temporada, y la ensaimada se hornea fresca cada mañana. Con unas 7.600 reseñas en Google y 4,6 estrellas, los clientes alaban sobre todo dos cosas: la calidad y el precio justo. Se ha comentado que tres piezas cuestan menos de diez euros.

Café y carta
En el centro está el trío de clásicos: la ensaimada casera —mejor sola o con nata—, el espeso chocolate a la taza coronado con nata montada y el icónico helado de almendra que la casa ayudó a popularizar. A su lado, el "cuarto", un bizcocho esponjoso de corteza dorada y miga jugosa, horneado fresco cada mañana y perfecto para mojar.
La carta llega más lejos de lo que sugiere su fama: gató (pastel de almendra), coca de patata, empanadas saladas y robiols, además de helados caseros en sabores que van del avellana al mantecado o el cava. En verano, pide la horchata, la dulce bebida de almendra con hielo. Las ensaimadas grandes para llevar requieren unos dos días de antelación.

Ambiente y ubicación
El local original de la calle de Can Sanç, justo detrás de la iglesia de Santa Eulàlia, es el más evocador de los tres: azulejos de cerámica azul y blanca, lámparas de cristal de la histórica fábrica Gordiola, mesas de mármol, sofás tapizados en rojo y calderos de cobre. El mosaico que define la pared se rescató del establecimiento original en 1977.
El público es una mezcla honesta de lugareños, familias y viajeros: abuelas mallorquinas a la hora de la merienda junto a niños con su paga y visitantes curiosos. No se reserva; en horas punta se forma cola. Para una visita más tranquila, ven por la mañana.




