Junto al Camí de Son Roig, a pocos minutos en coche del núcleo de Sencelles, se encuentra una de las direcciones más discretas del vino mallorquín: Vins Ca Sa Padrina, una bodega familiar activa desde 1999 y hoy dirigida por la tercera generación de la familia Suñer. Aquí no se recibe al turista, sino al invitado — así lo expresa la propia bodega, y así lo confirman numerosos relatos de visitantes a lo largo de los años: Andreu o Toni acompañan personalmente por los viñedos, cuentan historias de tres generaciones dedicadas al vino, y la visita suele terminar en una mesa con botellas abiertas y algo de picoteo mallorquín.

La finca cultiva variedades autóctonas de la isla: Mantonegro, Callet y Prensal Blanc son la columna vertebral de la producción, junto a otras variedades propias de la tierra. Los viñedos están amparados por la denominación de origen Binissalem, en pleno interior de la isla. De esta cosecha nacen tres elaboraciones centrales: Montnegre, un tinto con D.O. Binissalem, Mollet, un blanco bajo la indicación Vi de la Terra Mallorca, y Rosat Ca Sa Padrina, el rosado propio de la casa. Explorando el catálogo de la bodega aparecen otras etiquetas de la misma familia, todas ellas ligadas a su propia tierra y no a uva comprada.
Además del vino, la bodega ofrece otros frutos de su propia tierra: varios visitantes mencionan aceite de oliva y miel de producción propia, que se pueden degustar y llevar a casa. Las catas suelen acompañarse de un pequeño surtido de tapas mallorquinas — sobrasada, queso y coca de trampó aparecen repetidamente en los comentarios —, de modo que una simple cata de vino se convierte fácilmente en una pequeña tarde gastronómica. Aun así, la casa no dispone de una carta propia de restaurante; el centro de la experiencia sigue siendo la cata, no la cocina.

Lo que más se repite en los comentarios de los visitantes es el carácter personal, casi doméstico, de la visita: no se trata de una gran explotación, sino de una pequeña bodega familiar donde los propios viticultores se sientan a la mesa y explican cómo la uva se convierte en el vino de la copa. La bodega ofrece catas privadas, visitas guiadas por el viñedo y la bodega, y organiza eventos para grupos — los relatos describen desde pequeñas reuniones familiares hasta una fiesta de cumpleaños de cuarenta invitados organizada sin contratiempos. Se recomienda reservar con antelación, aunque algunos visitantes cuentan haber sido recibidos con calidez incluso sin reserva previa.
Para quien quiera conocer las variedades propias de Mallorca más allá de los nombres internacionales habituales, Ca Sa Padrina es un lugar donde Mantonegro y Callet no son solo palabras en una etiqueta, sino que se explican en la mesa — con la calma de un sitio que no busca protagonismo, sinó atendre qui té al davant.
Servicios
Accesibilidad
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Pago
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- Débito
- Sin contacto



