Al borde de la Plaça Nova de Santa Maria del Camí, Jaume de Puntiró regenta una tienda-bodega y sala de cata que respalda un auténtico viñedo de cultivo ecológico. Quien llega aquí no encuentra una vinoteca con etiquetas compradas a terceros, sino un negocio familiar construido en torno a su propia variedad de uva: el Manto Negro, la variedad tinta autóctona de Mallorca, crece en los viñedos propios de la finca y se transforma aquí en una colección pequeña pero con personalidad propia. Varios visitantes cuentan que pasearon por las viñas antes de volver a la tienda para la cata, un detalle que conecta directamente el vino con la tierra de la que procede.

La gama es reducida pero con carácter: el blanco Premsal (también escrito Prensal) aparece repetidamente descrito como un blanco ligero de acidez agradablemente contenida, mientras que entre los tintos el Carmesí y el Porpra se citan como favoritos. A ello se suman un vino dulce, un vermut de elaboración propia y una ginebra, una variedad que muestra que aquí se experimenta más allá del eje clásico tinto-blanco-rosado. Un visitante relata una cata de nueve vinos distintos más el vermut y la ginebra, lo que da una idea de la profundidad de la oferta, aunque la composición exacta varía naturalmente según el momento. El cultivo ecológico está confirmado de forma independiente por varios reseñadores y forma claramente parte de cómo se presenta la bodega.
Junto al vino, la tienda ofrece una pequeña selección de productos de la zona: sobrasada, aceitunas, aceite de oliva, queso y miel aparecen mencionados repetidamente en los relatos de los visitantes, encajando con el carácter de una tienda de finca que reúne productos agrícolas locales en lugar de tener cocina propia. También se puede comprar vino a granel, un detalle que subraya el carácter sencillo y sin pretensiones del lugar.

Lo que se repite especialmente, y de forma independiente entre reseñas, es el trato personal: nombres como Ana y Pere aparecen en numerosos relatos, junto con explicaciones detalladas sobre el proceso de elaboración, atención paciente y un ambiente que los visitantes describen como cálido y auténtico. Según relatos coincidentes, la cata es posible en general y se recomienda tanto a quienes visitan por primera vez como a quienes repiten; varios huéspedes señalan que una visita con explicación y cata puede durar cómodamente en torno a dos horas. Un reseñador apunta que la explotación ecológica propiamente dicha se encuentra en Binissalem, y que la sede de Santa Maria del Camí funciona principalmente como punto de venta y cata, una observación puntual que no resta character familiar al conjunto.
Para quien quiera conocer los vinos de Mallorca más allá de los grandes nombres, este es un pequeño celler sin artificios, construido sobre una variedad autóctona, principios ecológicos y el trato cercano antes que sobre el tamaño o la puesta en escena.
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