En las afueras de Inca, donde la llanura se inclina suavemente hacia Llubí, se encuentra Los Dos Caballeros: una bodega pequeña y joven construida alrededor de una casa de payés de más de cien años. Los propietarios han plantado un viñedo alrededor de la finca, renovada en estilo mallorquín, con cuatro variedades de uva que a primera vista no parecen ir juntas: sauvignon blanc y merlot, de la gran tradición vinícola internacional, junto a garnacha y la variedad autóctona manto negro. De esa combinación nacen un blanco, un tinto y un rosado, cultivados según la propia finca de forma ecológica, un detalle que también aparece una y otra vez, de forma espontánea, en los comentarios de los visitantes.

No es una bodega de visita libre: se entra mediante catas privadas concertadas. Quien acude recorre las hileras de viñas y la pequeña zona de producción, escucha la filosofía de la casa —incluido su sistema de autoabastecimiento con energía solar— y termina sentado ante cuatro copas de vino acompañadas de una tabla de embutidos y quesos de productores locales, el aceite de oliva propio de la finca y pan o galletas. Para grupos más reducidos, de hasta diez personas, existe una segunda sala de cata más íntima en la parte histórica del edificio, pensada para quienes prefieren total privacidad. Más allá del vino, lo que se repite en los comentarios es el trato cercano de las visitas: Walter, William y el resto del equipo anfitrión se describen como personas que dedican tiempo de verdad a explicar cómo la uva se convierte en vino, sin prisas aparentes, adaptando el ritmo a cada visita, ya sea una pareja, un grupo pequeño o una parada espontánea durante una jornada por la isla.
Quien quiera alargar la estancia puede hacerlo: la finca dispone de una casa de huéspedes con piscina privada y vistas al viñedo, aparentemente pensada para parejas o grupos pequeños que pasan unas noches —o, según algún relato, hasta una semana entera— rodeados de vides. El vino también puede llevarse a casa a través de la tienda online de la propia bodega, con entrega gratuita en Mallorca a partir de un pedido mínimo. Para quienes deseen vincularse aún más al proyecto, existe la posibilidad de arrendar cepas concretas, como experimento personal de vinicultura o como regalo poco habitual que perdura durante varios años, permitiendo seguir el crecimiento de la propia cepa temporada tras temporada.

El conjunto se mantiene deliberadamente pequeño y personal: no es una gran atracción turística, sino un proyecto familiar que ha convertido una antigua casa de campo y una viña joven en algo propio y singular. Quien quiera no solo beber vino mallorquín, sino entender cómo se elabora, encontrará aquí el tiempo y las explicaciones para lograrlo — lejos de una gran bodega centenaria, pero con una firma joven y muy propia.
Servicios
Aparcamiento
- Gratuito
Accesibilidad
- Entrada
- Aparcamiento
- Aseo
- Asientos



