Ca'n Gallet está en la urbanización Es Guix, en el término municipal de Escorca, arriba en la Serra de Tramuntana, justo pasada la gasolinera del Coll de sa Batalla. Quien sube desde Caimari ya ha dejado atrás las curvas cuando llega; quien sigue adelante alcanza poco después el monasterio de Lluc. No es un sitio por el que se pase por casualidad.
La casa es un negocio familiar. Toni, a quien en la isla todos llaman Gallet — un malnom, un nombre de casa mallorquín que procede de Campanet —, lo lleva junto a su mujer, Magina Maria, y su hijo Miquel. Toni está arraigado en Lluc y ha pasado toda su vida vinculado a la restauración. Ca'n Gallet empezó dentro de las instalaciones del propio monasterio; solo más tarde la familia bajó a la urbanización donde hoy está el local.
Gallet significa gallito en mallorquín, y los clientes se lo han tomado al pie de la letra. Con los años le han regalado al dueño cerca de un centenar de gallos, que ahora están repartidos por el local — una colección que no cuenta lo que la casa piensa de sí misma, sino lo que piensan de ella los de siempre.

Lo que hay en la carta de Ca'n Gallet
Aquí se cocina mallorquín de payés, sin rodeos. El arròs brut, ese arroz caldoso y especiado con carne y verduras, es el plato por el que la gente sube expresamente. A su lado están los caragols, los caracoles, servidos aquí con patatas y carne abundante, y el frit de me, el frito mallorquín de cordero.
El segundo pilar son las paellas: mixta, negra, de verduras y la paella cega, la ciega — sin espinas ni cáscaras, sin nada que apartar. Lo poco habitual es que aquí también preparan una paella para un solo comensal. La mayoría de las casas no lo hace.
Del horno salen el cabrito y, en los meses fríos, el llom amb col, lomo cocinado envuelto en hojas de col. Hay costillas de cordero. Y hay un postre que se le ocurrió a la propia cocina: la ensaïmada frita, servida sobre crema y cubierta de chocolate. Quien come vegetariano encuentra el frit de verdures y la paella de verduras; la Guía Repsol señala además opciones veganas y sin gluten.

Montaña, berenar y bicicleta
Ca'n Gallet no es una casa de noche sino de día, y buena parte de la clientela no viene a comer. Viene a desayunar o a berenar, la comida mallorquina entre comidas: pa amb oli, un berenar pagès, algo contundente después de la primera etapa de la jornada.
De ahí se entiende quién llena la sala. La subida desde Caimari por el Coll de sa Batalla es una de las rampas más conocidas de la isla, y Ca'n Gallet está justo donde termina — arriba, poco antes de que la carretera se incline hacia Lluc y vuelva a bajar. Los excursionistas que salen de Lluc o regresan forman parte del público tanto como los ciclistas.
Solete, sala y vistas
La Guía Repsol distingue a Ca'n Gallet con un Solete. El cocinero mallorquín Andreu Genestra señaló allí la casa como su favorita: su sitio predilecto en la montaña, sobre todo cuando nieva en la sierra, con un buen arròs brut o un plato de cordero.
La sala es amplia y suele estar llena, y hay además una terraza exterior y otra resguardada; desde allí se ve el Puig Roig y el Puig Ciuró. Los niños son bienvenidos expresamente, los grupos y las celebraciones se pueden concertar, y también se puede reservar mesa — lo que en los días fuertes es la mejor idea.
Servicios
Aparcamiento
- Gratuito
- En la calle
Accesibilidad
- Entrada
- Asientos
Pago
- Tarjeta
- Débito
- Sin contacto
Servicio
- En el local
- Servicio de mesa
Comodidades
- Aseo
- Terraza
- Bar en el local
Ambiente
- Informal
- Acogedor
- Tranquilo
Destacados
- Buena carta de vinos
- Buen café
- Chimenea
Reservas
- Se aceptan reservas
- Reserva recomendada
Ideal para
- Familias con niños
- Grupos



