Merlet está en el casco antiguo de Alcúdia, justo en la Plaça de la Porta de Mallorca, la plaza que hay ante esa puerta que es uno de los pasos de la muralla medieval. Quien camina tierra adentro desde la bahía hacia el centro amurallado pasa por esta esquina. La casa que hay detrás es pequeña, la lleva una familia y cocina tapas.
Cómo entiende su oficio lo formula Merlet de la manera más clara: «En Merlet tenemos las mejores tapas hechas al momento». No es una frase hecha, sino una declaración contra lo que suele ser habitual en los locales de tapas: aquí no hay nada preparado de antemano en la vitrina esperando a que alguien se lo lleve. Primero se pide, después se cocina.
Los comensales lo confirman por un detalle difícil de fingir. Las croquetas, cuentan, están tan crujientes que se nota que no entraron en la freidora hasta después de haberlas pedido.

Lo que llega a la mesa en Merlet
Hay tres platos que aparecen una y otra vez en los relatos de los clientes. El pulpo, que describen como especialmente tierno. Las croquetas, crujientes y visiblemente hechas al momento. Y una berenjena con queso de cabra y cebolla dulce, considerada creativa y cuya combinación, según el sentir general, funciona de verdad.
El resto de la carta sigue la misma línea. Los comensales describen las tapas como propias en lugar de estandarizadas: no la serie habitual que uno encuentra en cualquier local, sino platos con un giro particular cada uno. Lo que se percibe son ingredientes frescos y, al parecer, escogidos con cuidado, bien cocinados.
También la presentación aparece con llamativa frecuencia. Los platos están bellamente presentados, dicen, cada uno notable a la vista y al mismo tiempo lleno de sabor. Para un pequeño local familiar es un esmero poco común, porque emplatar cuesta un tiempo del que una cocina de este tamaño no suele disponer.

Una familia junto a la puerta de la muralla
Quien atiende las mesas no hace ningún misterio de cómo funciona la casa. Los clientes cuentan que les explicaron sin rodeos que se trata de un negocio familiar y que en la cocina cocina la propia familia. En la misma frase llegan las recomendaciones: los platos preferidos del propio personal, nombrados sin que nadie pregunte. Quien se deja llevar acaba comiendo lo que la casa considera su mejor trabajo.
El trato encaja con ello. El servicio se describe como extraordinariamente amable y servicial, y guía de forma perceptible por la carta en lugar de limitarse a tomar nota. Los clientes de habla hispana lo resumen así: es un restaurante familiar y tiene la sensación agradable de uno, con una bienvenida y un servicio con los que uno se siente bien recibido. Los niños pequeños están expresamente incluidos: para los más pequeños hay juguetes a mano.
Visitar Merlet: es pequeño, conviene reservar
La sala es pequeña, y ese es el punto que menciona casi cada relato de los clientes: conviene reservar mesa con algunos días de antelación, por teléfono. Presentarse sin más mientras se recorren las callejuelas del casco antiguo, con la esperanza de encontrar sitio, es una apuesta arriesgada.
Para pedir hay una regla práctica que viene de los propios comensales: dos platos por persona bastan, y más bien con holgura que con estrechez. Como se comparte todo, merece la pena pedir en amplitud en vez de cada uno lo suyo. Las tapas de Merlet también se pueden llevar, la propia casa lo señala. El núcleo, sin embargo, sigue siendo esa pequeña sala junto a la puerta de la muralla, donde uno se sienta, comparte y se deja aconsejar.
Servicios
Aparcamiento
- Gratuito
- De pago
- En la calle
Accesibilidad
- Asientos
Pago
- Tarjeta
- Débito
- Sin contacto
Servicio
- En el local
- Servicio de mesa
Comodidades
- Aseo
- Vegetariano
- Terraza
- Bar en el local
- Vegano
Ambiente
- Informal
- Acogedor
- De moda
- Tranquilo
- Romántico
Destacados
- Buena carta de vinos
- Buen café
Reservas
- Se aceptan reservas
- Reserva recomendada
Ideal para
- Familias con niños
- Grupos



