Quinta Avenida está en la Avinguda del Comte de Sallent, a unos pasos por encima de la Plaça d'Espanya, y se define a sí mismo como gastrobar japonés y no como restaurante de sushi. La distinción no es una pose. Al entrar te plantas casi de inmediato ante la cocina: una barra larga rodea el bloque abierto y detrás trabajan los cocineros Guillermo Guzmán y Raúl Enseñat.
El eje de todo es la robatayaki, la parrilla de carbón tradicional japonesa. La casa la coloca de forma explícita en el centro y de ahí deriva su pretensión de ofrecer en Mallorca algo que no se encuentra igual en otro sitio. A ello se suma el ahumado en frío: en la cocina no solo se trabaja sobre la brasa, sino también con humo, y la búsqueda del serrín adecuado forma parte del oficio.

La robatayaki del Quinta Avenida
De la brasa sale la parte de la carta que separa a esta casa de las muchas direcciones de sushi de la ciudad. El magret de pato llega con berenjena y una salsa de miel y soja, el bacalao negro viene marinado como bacalao yuzumiso, y junto a ellos están el entrecot de angus, el solomillo de vaca envejecida con salsa dulce de mostaza, las costillitas de cordero con salsa yakiniku, las baby ribs de cerdo glaseadas lentamente, el calamar asado y la pechuga de pollo al carbón. Una sección propia recoge brochetas al estilo robata: ternera con pimienta y aka miso, secreto de cerdo ibérico con misokatsu, yakitori, pulpo con mayonesa de shiso, vieiras y gambas con yuzu kosho.
Guzmán y Enseñat resumen su manera de trabajar en una frase: no se somete un producto a una técnica, se someten las técnicas al producto. En el arroz se puede comprobar. Se prepara al estilo sushi-meshi en un hangiri de madera, se adereza con vinagre de arroz, azúcar y sal y se mezcla con una espátula de madera hasta que el grano brilla sin apelmazarse.

Pescado crudo y el atún de Balfegó
En el pescado la cocina trabaja con atún rojo de Balfegó, y en más de diez elaboraciones. La más conocida es un nigiri que junta atún y tocino ibérico; ambos ingredientes llevan mucha grasa, y justo a eso apunta la combinación. Al lado están el maguro, el gunkan de atún picante, el aburi de salmón flameado, el unagi con anguila y aguacate ahumado y el hotate con vieiras flameadas y tobikko.
Entre los entrantes hay un tártaro de atún sobre galleta de arroz crujiente, un tiradito de atún con aderezo de trufa japonés y tobikko, un tataki con salsa de humo y un uzusukuri de wagyu y atún cortados finísimos con ponzu y parmesano. También un ceviche de shiromi con leche de tigre y un tártaro de corvina sobre hoja de shiso frita. Las gyozas vienen en tres versiones: de pato, fritas con panko; de rabo de toro, rellenas con atún y trufa; y de cerdo, al vapor.
La sala y la ubicación
Las paredes de marés, la piedra arenisca porosa de la isla, y los jardines verticales le quitan la dureza que una cocina abierta suele imponer a una sala; el tono es urbano pero tranquilo. El protocolo se mantiene deliberadamente ligero — Raúl Enseñat describe el trato como más cercano a la amistad, con comensales que deberían sentarse como si estuvieran en casa. Además de la carta hay un menú del mediodía, y la casa mantiene su propio servicio de pedidos para recoger y para llevar a domicilio.
Servicios
Aparcamiento
- De pago
- En la calle
Accesibilidad
- Entrada
- Aseo
- Asientos
Pago
- Tarjeta
- Débito
- Sin contacto
Servicio
- Entrega
- Para llevar
- En el local
- Servicio de mesa
Comodidades
- Vegetariano
- Bar en el local
Ambiente
- Acogedor
- De moda
- Tranquilo
- Romántico
Destacados
- Buena carta de vinos
- Buen café
Reservas
- Se aceptan reservas
- Reserva recomendada
Ideal para
- Familias con niños
- Grupos



