El Rinconcito del Norte es un local pequeño en el casco antiguo de Palma que trae la cocina del norte de España a un barrio donde lo habitual es lo mallorquín y lo mediterráneo. La casa se define a sí misma como una casa de comidas: esa palabra antigua para un sitio donde se viene a comer y no a que te lo pongan bonito.
El nombre significa lo que dice, y va en serio. Como estilo propio, la casa señala el de Santander y Cantabria, es decir, el de la costa atlántica del norte. Es un registro distinto al de la isla: más contundente, con más carne, menos construido sobre el aceite de oliva y el tomate y más sobre el embutido, el huevo, la vaca y las conservas del Cantábrico.
La carta no lo disimula. Se apaña con pocos apartados —raciones para compartir, una sección entera solo de huevos rotos, las carnes, un apartado verde y los postres caseros— y los títulos tienen guasa. La sección de huevos se llama «Rómpete los huevos» y la página verde cita el verso de Lorca «Verde que te quiero verde». Encima está la frase con la que la casa se presenta: buen producto fresco, dedicación y amor por lo que se hace.

Qué llega a la mesa en El Rinconcito del Norte
La especialidad declarada es el cachopo, relleno de cecina y queso de cabra. La construcción viene del noroeste peninsular: dos filetes planos encierran el relleno, se empana el conjunto y se fríe hasta que el queso queda blando por dentro y el rebozado se rompe por fuera. Está pensado para compartir, no para un plato solo.
A su lado, al mismo nivel, están los huevos rotos. El principio se conoce en toda España —patatas, huevos fritos, algo contundente por encima y todo roto al servir—, pero aquí tiene apartado propio y varias versiones, entre ellas una con pulpo, gambones y mejillones. Llegan a la mesa en la sartén.
En el apartado de carnes están el entrecot y el solomillo, este último a menudo acompañado de cabrales, el queso azul asturiano. Entre las raciones hay anchoas, como corresponde a una casa con pretensión cántabra. Los postres son caseros y detrás de la barra hay bebidas del norte como el patxarán y el kalimotxo.

Las normas de la casa
El Rinconcito es pequeño y tampoco lo esconde. En su propia carta está escrito que todos los platos se elaboran al momento, con la petición de disculpar la demora. Quien quiera comer rápido y seguir se ha equivocado de sitio; quien quiera quedarse sentado ha acertado.
Se reserva, y en serio: la casa avisa por su cuenta de que trabaja con reservas. Con el número de mesas que tiene, eso no es un formalismo, sino la condición para entrar.
A eso se suma una norma que figura en la carta y que rara vez se ve tan clara: se hace una única cuenta por mesa, no se hacen cuentas separadas. Quien venga en grupo grande, que arregle las cuentas por su lado. La carta se consulta en digital, con un código en la mesa.
Un local pequeño en el barrio de La Llotja
El Carrer de Vallseca está en el barrio de la Llotja, la lonja gótica de Palma, a unos pasos del agua. El barrio tiene movimiento, pero la calle en sí es tranquila: no está en el eje por el que baja la gente del Born a la catedral.
Y eso le va bien al negocio. Una casa de comidas con carta del norte, un puñado de mesas y una cuenta por mesa no necesita clientela de paso; vive de que la gente vuelva y traiga a conocidos. Que la catedral, los jardines de S’Hort del Rei y el Passeig del Born queden de todos modos a pie hace de la dirección una de las más cómodas del casco antiguo.
Servicios
Aparcamiento
- De pago
Accesibilidad
- Entrada
- Aseo
Pago
- Tarjeta
- Débito
- Sin contacto
Servicio
- En el local
- Servicio de mesa
Comodidades
- Wi-Fi
Ambiente
- Informal
- Acogedor
- De moda
- Tranquilo
Destacados
- Buena carta de vinos
- Buen café
- Buena selección de cervezas
Reservas
- Reserva obligatoria



